En los Campos Elíseos de Paris, a pocos metros del Arco del Triunfo se encuentra el Sport Hall de Peugeot... un pequeño templo dedicado a la marca del León.

No es un concesionario como el cercano y lujoso de Mercedes. Dentro hay una tienda, pero es atípica y con mercancía más propia de un museo: desde réplicas en miniatura de modelos históricos o actuales, a libros o complementos de moda.

Y es que en este espacio no se venden coches sino conceptos, ideas, sensaciones... Una vez dentro, se respira marca Peugeot, transmitida a través de una metáfora basada en deportes.

Es un local relativamente pequeño, pero que te absorbe. Se busca la inmersión. Transmitir la esencia de Peugeot. Te envuelve por todas partes con atributos que personalmente no asociaba: una receta a base de tradición e innovación, confort y competición, lo cotidiano y la aventura...

El Sport Hall es una pequeña atracción que se llena de curiosos y turistas con cámara (digital) en mano. Yo no fuí excepción, pero no por atracción por los coches, sino por mi curiosidad por los espacios de este tipo: su utilidad, cómo se diseñan y cómo se diseñan las experiencias en torno a una marca.

Quizá no les quedara más remedio que hacer este despliegue ante el éxito y visibilidad actual de algunos competidores de su mismo país.